Sí, acepto

Por el título de la entrada, puede que te plantees que voy a escribir de compromiso. Y no, no se me ha ido la cabeza –al menos, no del todo–.

En esta quinta entrada no voy a cambiar la temática del blog. Escribiré sobre el tipo de compromiso que adquirimos cuando hacemos clic en el botón de aceptar al darnos de alta en cualquier servicio gratuito en internet, pues muchos de nosotros no somos conscientes de lo que estamos haciendo…

En esta vida 2.0, debemos tener clara una frase que leí en una entrevista de un periódico digital a Michail Bletsas, jefe de computación del MIT Media Lab:

“Como usuario, te debes dar cuenta de que cuando utilizas un servicio gratuito es porque tú eres el producto”.

Dejando a un lado el debate sobre la privacidad –hay expertos que llenan páginas físicas y virtuales sobre el tema–, debemos ser conscientes de lo que dice el Sr. Bletsas, porque lo hemos integrado en nuestra vida.

Al crear nuestro perfil en una red social, en un blog, al realizar una compra en internet, etc., dejamos que dicha empresa pueda acceder a muchos de nuestros datos. Te pongo en situación: si un desconocido te para en la calle y te ofrece algo a cambio de tu información, ¿qué harías? Probablemente, la mayoría de nosotros le diríamos que no nos interesa porque sabemos que la información es poder. Es decir, si no lo hacemos en la vida analógica, ¿por qué lo hacemos en la vida digital?

Porque, a cambio, nos ofrecen un servicio que nos gusta, está de moda o nos sirve para comunicarnos más rápido y fácilmente. Al aceptar las condiciones, debemos saber qué estamos haciendo. Y es ahí donde el jefe de computación del MIT Media Lab da en el clavo: “tú eres el producto”.

Debemos ser conscientes de que nuestra información está en manos de una empresa que puede hacer casi cualquier cosa con ella. Cuando hacemos clic en el botón de Aceptar, estamos firmando un contrato que se lo permite. Así, nos hemos convertido en el producto de Twitter, Facebook, Google, etc. Y estos venden nuestra información a otras empresas para que estas lleguen a recabar un montón de datos sobre nosotros. Tienen nuestra información de contacto, conocen nuestros gustos, saben qué consultamos en internet… Y no sigo por no alargarme. Analizan nuestra información, la trocean y la venden. Por eso, actualmente, uno de los perfiles más demandados y con más proyección en las Tecnologías de la Información (TI) es el de conocimiento y aplicación de big data: buscan a un profesional que sepa utilizar determinadas herramientas para el tratamiento de macrodatos. Una vez los trata, la empresa puede sacar rédito de ella o elaborar informes de comportamiento.

Así que, si no lo sabías, ya lo sabes: somos el producto. Por eso hay que tener cuidado con la información que facilitamos y es tan importante que eduquemos a la siguiente generación de las bondades –y, sobre todo, de la malicia– que nos proporciona esta vida 2.0. Una vez compartida, ya no es nuestra, no nos pertenece en exclusiva. Es de todos aquellos que navegan por internet, es decir, de un tercio de la población. Además, una vez que publicas algo, eso ya no se borra. Queda almacenado para siempre y alguien que sepa cómo hacerlo, puede conseguir esa información.

Debemos disfrutar de la era digital sí, pero siendo conscientes de aquello a lo que nos comprometemos cuando pulsamos el botón de Aceptar de forma gratuita.


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2 Respuestas a “Sí, acepto”

  1. Hola Javi, muy interesante la entrada. A mí me interesa mucho este tema porque creo que cada vez es más difícil saber qué información nuestra está en la red y qué pueden hacer con ella. De hecho, este fin de semana empecé a ver un documental en Netflix que se llama Dark Net que trata exactamente de este tema, y me está pareciendo interesantísimo, te lo recomiento, aunque te aviso que te deja muy mal cuerpo también.

    1. Hola Vanessa, muchas gracias por tú comentario. He empezado a ver el documental, Dark Net, que has recomendado y es muy bueno. Ayuda ha hacerse una idea bastante fiable de lo que es la Deep Web.

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